El
evangelio presenta tres movimientos fundamentales: Jesús
deja Nazaret y se instala en Cafarnaúm. Mateo interpreta este gesto como
cumplimiento de la profecía de Isaías: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio
una gran luz.” Esto significa que la misión de Jesús no comienza en el centro
religioso de Jerusalén, sino en la periferia, en una zona mezclada, fronteriza,
marcada por la pobreza y la opresión.
Dios elige empezar por las periferias: El
anuncio del Reino: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos. ”Este
es el núcleo del mensaje de Jesús. Reino no es un lugar, sino la acción
soberana de Dios que irrumpe en la historia. Está cerca significa que ya ha
comenzado en la persona de Jesús.
Convertirse implica cambiar la mentalidad, reorientar
la vida, dejar que Dios sea el centro su centro. En su llamada a los primeros discípulos, Simón, Andrés, Santiago y Juan, Mateo subraya que la iniciativa es
de Jesús, no de los discípulos. La respuesta es inmediata, sin excusas.
La
misión es participar en la obra de Jesús: “os haré pescadores de hombres”.
Jesús recorre, enseña, proclama y cura. Mateo resume así la misión mesiánica: Enseñar
significa iluminar la mente. Proclamar: es anunciar la buena noticia. Curar,
significa restaurar la vida. El Reino no es teoría sino transformación integral
del ser humano.
Interpretación
profunda: Jesús es Luz en las tinieblas. El evangelio presenta
a Jesús como cumplimiento de la promesa de Isaías. Esto nos dice que Jesús es la
luz definitiva que revela el rostro misericordioso del Padre. La salvación no
es solo espiritual: ilumina la historia concreta, las zonas oscuras de la vida
humana. El Reino como presencia activa de Dios no es un ideal moral, sino una realidad
dinámica: Dios actúa ahora, aquí y en mi, la conversión que es respuesta a esa
acción.
La cercanía del Reino implica urgencia: no
se puede postergar. El discipulado como ruptura y misión. La llamada de
Jesús exige: Dejar redes: abandonar seguridades, esquemas, apegos. Seguirle:
entrar en una relación personal transformadora.
Ser
enviados: la fe no es intimista; es misión y la
salvación integral Jesús cura enfermedades y dolencias. Esto muestra que el
Reino toca cuerpo, alma y relaciones. La fe cristiana no es evasión, sino
sanación de la realidad.
Aplicación práctica para el cristiano de
hoy es dejar que Cristo ilumine nuestras
tinieblas. Cada uno de nosotros tenemos zonas oscuras: miedos, heridas, pecados,
desesperanza, rutinas vacías. El evangelio invita a permitir que Cristo entre
ahí, no solo en lo que ya funciona bien también en lo que no funciona tan bien.
Se trata de vivir en clave de conversión continua y convertirse no es un acto
puntual, sino un estilo de vida: revisar prioridades, discernir decisiones, dejar
que el Evangelio cuestione, abrirse a cambios reales.
La conversión auténtica siempre se nota
en la vida concreta se cada día y de cada momento. Escuchar la llamada personal
de Jesús que sigue diciendo: “Sígueme”. Hoy esa llamada puede significar: reconciliarse
con alguien comprometerse con los pobres dejar un pecado habitual servir en la
comunidad estudiar los misterios de fe con más profundidad, vivir con más
coherencia y menos miedo.
La pregunta clave es: ¿Qué redes me pide Jesús dejar hoy? La
respuesta es: Ser “pescadores de hombres” en el mundo actual. Evangelizar no es
proselitismo, sino: atraer con la vida, acompañar procesos, escuchar, dar
testimonio con alegría, ser puente, no muro. El cristiano está llamado a hacer
visible la luz de Cristo en su familia, trabajo, redes sociales y relaciones.
Imitar
el estilo de Jesús: enseñar, anunciar y sanar. Cada
bautizado puede: enseñar: compartir la fe con sencillez, anunciar: hablar de
Dios sin miedo sanar: consolar, acompañar, perdonar, levantar. El mundo
necesita cristianos que curen heridas, no que las agranden.
4.
En síntesis: Este evangelio del III Domingo del TO. nos
presenta a Jesús como luz que irrumpe en la oscuridad, como anunciador del
Reino que ya está en medio de nosotros, como maestro que llama a seguirle y
como sanador que restaura la vida. Para el cristiano de hoy, este texto es una
invitación a: dejarse iluminar, vivir en conversión continua, responder a la
llamada también incesante de Dios, asumir la misión a la que cada uno somos
llamados, sanar y acompañar a otros, Es un evangelio profundamente esperanzador
y exigente a la vez.

No hay comentarios:
Publicar un comentario