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"Y apareció en el cielo una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y 12 estrellas a su alrededor.
Más impresionante que un ejército en orden de batalla".
(Apocalipsis, 12).
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Asunción
de María al Cielo: 15 de Agosto
No hay duda en que a los
cristianos contemporáneos les quedaría
un recuerdo imborrable del aquél portentoso
acontecimiento de la Dormición
de la Madre de
Jesús el Resucitado, por lo que se
comprende que desde sus orígenes los cristianos celebrarían la fiesta Asunción
de María de alguna forma, aunque sólo fuera en la intimidad de la comunidad. Mas,
oficialmente en la tradición, esta
fiesta remonta al siglo VI. Monseñor Miguel Dubost -obispo francés- en
su libro MARÍA[1] dice:
“La festividad de la Asunción nació en
Jerusalén, pero es difícil saber en qué época. El origen de esta festividad
procede quizás de de la consagración de una iglesia dedicada a María, que el
obispo Juvenal hiciera en Kathisma
[2].
Sí, probablemente la celebración liturgica de
la fiesta de la Asunción de María, tiene
e como origen la consagración de otra iglesia en Getsemaní, al lado de
Jerusalén, en el siglo VI. Sea como sea,
la festividad fue extendida por todo el imperio a iniciativas del Emperador
Mauricio[3],
bajo el nombre de Dormición de la Virgen María. Ha sido siempre celebrada el 15 de
agosto.
El año litúrgico de los
Orientales que comienza el 1 de septiembre, se abre verdaderamente con la Natividad de la Virgen y se cierra con su
entrada en la gloria el 15 de agosto”. Pero será solamente a mediados del siglo
XX que la Asunción
de la Virgen María
será proclamada como “dogma de la
Iglesia ” por el papa Pío XII. Este Papa, cediendo a su
personal y filial devoción, y respondiendo también al unánime deseo de toda la
cristiandad, que el 1 de noviembre de
1950 define el Dogma de fe cristiana la Asunción de María a los
cielos en su cuerpo y alma, para gloria de tan excelsa Señora y esperanza de
sus hijos militantes en la tierra. El Vaticano II lo afirma y confirma
“La Virgen inmaculada,
preservada por Dios de toda huella del pecado original, habiendo concluido el
tiempo de su vida terrestre, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del
Cielo, y exaltada por el Señor como Reina del Universo, para que fuese así
enteramente conforme a su Hijo, vencedor del pecado y de la muerte”[4].
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Los tres Fundadores de la Orden Cisterciense |
Maria asunta al Cielo Patrona del la Orden cis terciense
Los biógrafos de S. Roberto -primer fundador- dicen que éste,
desde su juventud se consagró a la
Virgen y la servia con especial devoción. Cuando fundó el Monasterio
de Molesmes lo hizo en honor a Santa María
y cuando más tarde hubo de erigir el Nuevo Monasterio en Cister repitió
el mismo gesto de consagración a la
Madre de Dios.
San Alberico –Segundo fundador-
Según reza una tradición, -que al menos es símbolo de pureza y del amor
que éste santo tenía a la
Virgen- mereció recibir de las manos de María la Cogulla blanca[5]. De aquí el apelativo con que suele
denominarse a los cistercienses: los
monjes blancos. Dirá más tarde, Abad Adán persigne, que se denominan blancos, no tanto por sus
blancos hábitos cuanto porque son servidores espirituales del candor virginal
de María Santísima.
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Los monjes y monjas del Cister protegidos por el manto de la Virgen |
San Esteban Harding –tercer fundador- sucesor de San Albarico y
formador en la vida monástica del gran San Bernardo, fue otro privilegiado de la Virgen María. Ambos
coincidieron en un mismo amor a la
Madre del Cielo y ejercerían una influencia decisiva para la
orientación mariana de la Orden. Esteban
puso la incipiente fundación bajo su patronazgo.
Esta devoción de los Fundadores de Cister cristalizó en una definición del Capítulo General de 1119 que ordena que sean construidos todos los cenobios en honor a
(Continuará este tema)
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