28 de diciembre de 2012

LAS COLACIONES JUAN CASIANO

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INTRODUCCIÓN 

            Nacido en el año 360 en la ciudad de Dobrudja, en la desembocadura del Danubio, de nacionalidad escita. De familia poderosa, terminó siendo aún muy joven sus estudios clásicos. Junto con su amigo Germán, al cual se sentía muy unido, se embarcó en un viaje hacia Oriente, interesándose sobre todo en el testimonio cristiano que daban los monjes que poblaban esos lugares.

            Se detuvo en Palestina por unos dos años, en un monasterio de Belén. No consta, sin embargo, que haya conocido personalmente a Jerónimo. Aparentemente, lo conoció y lo estimó sólo por sus escritos. Después de dos años, Casiano y Germán se dirigieron a los desiertos de Egipto, en particular a Escete y a Nitria. Volvieron ocho años después y nuevamente partieron por tres años más.

            En el 399 se dirigieron a Constantinopla, debiendo huir de Egipto a causa de su "origenismo." Casiano fue admirador y partidario de Orígenes, particularmente en lo que se refiere a su exégesis escriturística. Mantuvo, sin embargo, una posición equilibrada y evitó seguirlo en ciertos aspectos más dudosos y menos ortodoxos. En Constantinopla, Casiano fue ordenado diácono por Juan Crisóstomo, por el cual conservó siempre una profunda devoción. Luego que Juan Crisóstomo fuera expulsado, también los dos amigos se tuvieron que ir, y se dirigieron a Roma, al papa Inocencio I, para solicitar su ayuda en favor del obispo perseguido. Desde ese momento se pierde el rastro de Germán, a quien suponemos muerto en Roma.

            Con toda probabilidad, Casiano fue ordenado presbítero en Roma. De allí se dirigió a Marsella, en el año 415, donde fundó el monasterio de San Víctor y un monasterio femenino, Murió alrededor del año 435 en el monasterio por él fundado de San Víctor.

            Por medio de sus dos grandes obras, Instituciones cenobíticas y Colaciones espirituales, Casiano transmitió a Occidente un conocimiento bastante exacto a propósito de la institución monástica en Oriente y Occidente.

            Durante el tiempo transcurrido en Marsella, Casiano intervino en las disputas doctrinales relativas a la gracia y, poco dotado para este tipo de cosas, incurrió en formulaciones erróneas o imprecisas, de carácter semipelagiano. Sin embargo, aun en este delicado tema, su santidad y su tendencia hacia la dulzura y la sumisión, no fueron menos evidentes. Casiano, no bien advirtió su error, se retiró y calló.

            El programa monástico de Casiano era audaz y preciso: reformar el monacato occidental, para devolverle la luminosidad de la tradición de los tiempos apostólicos, y además intentar adaptar a la vida cenobítica las prácticas de la anacoresis vivida por él en Oriente. El primer fruto de esta labor son los doce libros de las Instituciones. Es un tratado no precisamente sistemático compuesto de dos partes muy diversas. La primera describe las “instituciones” monásticas y litúrgicas que conoció entre los Padres de Egipto, Siria y Capadocia:

                        “Lo que… hemos tratado de cumplir o aprender, o constatado con nuestros ojos,

            ahora no podemos ya retenerlo íntegramente, alejados después de tantos años de su        frecuente compañía (de los monjes orientales, sobre todo egipcios) y de la imitación de            su vida”[1].

            La segunda parte, comprende los libros V al XII y habla de los ocho vicios capitales del monje y de la manera de combatirlos.

            Más importancia tiene su segunda obra literaria, las Conferencias o Colaciones (Collationes), divididas en tres libros, que versan sobre las principales cuestiones de la vida monástica.

            Las Colaciones son la prolongación, en un plano hondamente espiritual y místico, de su obra anterior, Las Instituciones. Y en cuanto reflejan una parte de las reacciones de su vida íntima, son como la autobiografía de su alma. Alma enamorada de Cristo y de la vida monástica que se centra en Cristo.

            En Casiano se encuentran descritas todas las fases de la vida mística que describen nuestros más modernos tratados de espiritualidad. Sólo que no se hallan sintetizadas ni expuestas en un orden sistemático. Sin embargo, se puede afirmar que su espiritualidad es, como la de todos los autores antiguos, una espiritualidad de combate: es un ejercicio, un ascetismo. Casiano quiere, no obstante, que la mortificación exterior sea siempre moderada.

            Con su obra, Casiano da a la vida monástica una nueva vigencia. El monacato occidental le parecía desquiciado, lánguida. Por eso concibió el plan de reformarlo. Para ello introduce las observancias del cenobitismo egipcio, mitigada por las de Palestina y Mesopotamia[2], e integra en la vida del cenobio –por una transposición que representa el gran hallazgo de Casiano- lo esencial de la anacoresis[3].

            Digamos, en fin, que sus experiencias, las fuentes en que bebe el oro puro de su doctrina, la índole y trascendencia de los temas y aun la forma documentada y sagaz en que los pone de relieve, le colocan en la línea de los grandes autores espirituales.

Las Colaciones constituyen la obra principal del abad de Marsella y la más original, tanto por su estructura como por su contenido. No tiene pues, ningún modelo en la literatura cristiana precedente. En ella se adivinan todas las facetas de su carácter y recia fisonomía moral.

Casiano la intitula Seniorum Conlationes: “Colaciones o Conferencias de los ancianos”, y en otro lugar, Conlationes spirituales: “Colaciones espirituales”. Son el coronamiento de las Instituciones y ya en el prefacio precisa:

      “Del aspecto exterior y visible de la vida de los monjes, de que nos ocupamos en disposiciones del hombre interior, que, por ser invisibles, se ocultan a la mirada”[4].

Por tanto, el objeto del autor es darnos una visión panorámica, lo más completa posible, de la vida interior del monje. Estas conversaciones habidas por él con los solitarios de Egipto, se ordenan a establecer toda la doctrina monástica por la que se ha de regir la vida de los monjes de Occidente.

La obra “casianense” es un legado de la doctrina de los Padres. Nos dice cómo se siente, cómo se vive en el desierto. Casiano introduce, a no dudarlo, conceptos de su propia cosecha; pero aun éstos aparecen sugeridos y, por lo mismo, subordinados a los que van exponiendo los ancianos.

Por otra parte, lo que más da calor y viveza a su obra es precisamente este diálogo que entabla con los monjes. El papel de discípulo que interroga va a cargo de Germán, su amigo entrañable y compañero de peregrinación, pero también alguna que otra vez lo desempeña este papel, el mismo Casiano[5]. Las respuestas de los quince maestros que responden están condesadas en veinticuatro conferencias. Entre los maestros están Moisés, Serapión, José, Nesteros… Casi siempre nos describe los rasgos personales de estos héroes, sus virtudes, sus preferencias, su idiosincrasia…

Si a ello se unen las descripciones topográficas que prodiga el autor, tenemos la grata impresión de revivir las circunstancias y situaciones de aquel mundo monástico en que se hallaron un día los dos monjes peregrinos. Y es que Casiano, en este sentido, puede llamársele con el justo título “intérprete de los Padres del yermo”.

Entre sus fuentes es de máxima importancia Evagrio Póntico y así, nos dice el P. Marsili que la obra de Casiano es una “codificación de la docta espiritualidad de los maestros alejandrinos para uso de los monjes”[6].

2-    Esquema ideológico 

      Las Colaciones constan de tres partes, al frente de las cuales figura su respectivo prefacio, original de Casiano. Los tres grupos de conferencias están estrechamente coordinadas.

      Como se componen de veinticuatro, en la última el autor subraya el carácter simbólico de este número, que evoca a los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Es que redacta la obra como un homenaje ofrecido al Codero Salvador[7]. Casiano vuelve reiteradamente sobre los mismos temas y toca a menudo los puntos de vista de los sucesivos Padres, y de ahí, que repita una y otra vez las mismas ideas insistentemente, como si temiera no exponer claramente la doctrina. A pesar del aparente desorden a que dan lugar tales repeticiones, las tres partes -que comprenden respectivamente, diez, siete y siete colaciones- forman un todo cuyo esquema ideológico es:

      Primera parte: consta de diez conferencias, escritas, igual que las Instituciones, a petición del obispo Cástor. Pero al fallecer éste durante la redacción del a obra, van dedicadas al obispo Leoncio y al solitario Heladio. Estas conferencias corresponden al largo período que pasó el autor en el desierto de Escete[8]:

A-   Fin del monje y medios de alcanzarlo (Col. I-III).

B-    Obstáculos que empiezan en la consecución del fin (Col. IV-VI).

C-    El combate espiritual que libra el alma (Col. VII-X).

Segunda parte: Comprende siete conferencias dirigidas a los hermanos Honorato y Euquerio. Esta serie de conferencias corresponde a los principios de la permanencia de Casiano en Egipto y se sitúan en Panéfesis[9]:

A-   Complemento y aclaración de lo dicho sobre la perfección (Col. XI-XIV).

B-    La perfección consumada y sus indicios (Col. XV-XVII).

Tercera parte: siete conferencias destinada a los cuatro abades de la isla de Hyeres, Joviniano, Minervio, Leoncio y Teodoro. Las tres primeras datan de su permanencia en Diolcos; las otras cuatro, que se sitúan generalmente en Panéfesis:

A-   Sobre los monjes y diversas modalidades de la vida monástica (Col. XVIII-XIX).

B-    Adiciones y suplementos sobre la vida espiritual (Col. XX-XIV). 
3-    La doctrina: Doble fin en la ascensión espiritual 

Casiano concibe dos fines en la búsqueda y posesión de Dios: el inmediato y el mediato. El inmediato es lo que él llama “la pureza de corazón”. Implica la purificación total del espíritu y el desprendimiento completo de todas las cosas. Este fin inmediato tiene su valor sólo en razón del fin último o “Reino de Dios”, que es la vida eterna poseída en el cielo[10]. A estos dos fines –próximo y supremo- corresponden dos aspectos de la vida espiritual: la scientia o vita actualis, que es sinónimo de “vida ascética”; y la scientia o vita theorética, que es lo mismo que “vida contemplativa”.

Para alcanzar el fin próximo o “la pureza de corazón”, que es caridad[11], santidad[12], el monje renuncia a todo y abraza una vida de total consagración a Dios. El conjunto de estas renuncias y prácticas religiosas constituyen la vita actualis o práctica, es decir, el ascetismo monástico[13]. El conocimiento de los vicios y el modo de curarlos; el de las virtudes y la manera de adquirirlas, son los dos jalones de esta scientia preliminar de ascesis.

Esta ciencia le lleva de la mano a la vita theorética o contemplación, que le pone en posesión del fin último de su vida: el Reino de Dios[14]. Por la ascesis, pues, camina el monje hacia la unión con Cristo; por la “ciencia práctica”, a la “ciencia teórica”; por el ascetismo, a la contemplación, que es, para Casiano, la realización incipiente del quehacer eterno en el cielo.

Ahora bien, para vivir la vita actualis y la vita contemplativa es esencial la “discreción”[15]. Esta virtud distingue lo que favorece el bien, lo que fomenta el mal, lo que viene del hombre y lo que procede del demonio[16]. Pero para obrar el bien se precisa de continuo la gracia de Dios. En esto, Casiano insiste fuertemente, sin embargo, yerra en un punto notable. Al contrario de S. Agustín, Casiano cree que para salvaguardar la libertad de la voluntad se debe admitir en el libre albedrío un mínimun de iniciativa personal del todo independiente. Este desliz fue parte para que se le considerara como autor del semipelagianismo. No obstante, Casiano no fue el creador pues los orígenes de esta doctrinase remontan más allá en la historia de la teología y de la ascesis. Orígenes y S. Juan Crisóstomo, entre otros, trazaron ya inconscientemente los primeros esbozos doctrinales de la misma[17].


4-    La contemplación 

La ascesis no es el fin del a vida espiritual, nos suministra los medios para llegar a la contemplación.

Ella, constituye la esencia de la vida eremítica y Casiano la trata en la Colación IX: la oración pura; las formas de la plegaria; el sentido del Pater Noster; la oración ígnea, constituyen para él, el más alto grado de oración. La compunción y el don de lágrimas son las señales por las cuales sabemos que hemos sido oídos. Por otra parte, la Colación X está dedicada al tema de la contemplación perpetua. Casiano se revela aquí, como en otros puntos, de ser un fiel seguidor de la espiritualidad alejandrina. El medio más eficaz para fomentar ese clima espiritual de contemplación nos lo ofrece Casiano en la Colación XIV, que versa sobre la ciencia del espíritu desde el punto de vista de la gnosis. En el fondo, se trata de un más profundo conocimiento “pneumático” de las Sagradas Escrituras, con aplicaciones a la vida moral.

5- La “Apatheia”, presupuesto de la oración pura 

Par llegar el monje a esta plegaria “ígnea” –que constituye el más alto grado de oración- ha de estar dotado de la impasibilidad, es decir, de la “apatheia”. Para él es lo mismo que “pureza y tranquilidad del alma”[18]. Constituye el ideal del asceta oriental, y Casiano lo propone como objetivo y fin de todo el ascetismo monástico y cristiano[19]. Se caracteriza por la ausencia de pasiones y turbación de la sensibilidad. Deja al monje en una serenidad y paz sin eclipse. Además, afecta también al cuerpo, y es como una inmunización de la carne que logra el alma frente a los efectos de las leyes fisiológicas[20]. Esta perfecta integridad de cuerpo y alma es como una especie de imitación del estado angélico[21] que precede a la “oración pura”.

Así llama Casiano la oración gratuita, don de Dios, superior a todo esfuerzo humano, La denomina “transitoria”[22] y “ocasional”[23],  por lo mismo que es breve y fugitiva. Constituye, en realidad, la cúspide de la perfección, pues en ella reconjugan la elevación más sublime de la plegaria con el fuego encendido de la [24]caridad. La oración pura es propia del alma pura.

Tal es, en bosquejo, la doctrina espiritual contenida en la obra de Juan Casiano.

CONCLUSIÓN 

      De lo que hemos apuntado ya aquí, se desprende que las Conferencias de Casiano no son propiamente una relación de sus viajes. Han sido redactadas mucho tiempo después, y arguyen otras influencias además de los Padres del desierto. No obstante, los pormenores e incidencias que contienen son bastante exactos para permitirnos reconstruir las vicisitudes de la Estancia de Casiano en Egipto. Y ello desde el desembarque hasta que abandona el país del Nilo, al cabo de veinte años, cuando el arzobispo Teófilo de Alejandría expulsa a Juan Crisóstomo.

En esta obra, el lector sigue, año tras año, los avatares de la vida que lleva un monje peregrino (pero un monje que es a la vez, un escritor excepcional), a través de celdas y monasterios.

Casiano no hace consistir la perfección en las austeridades o en las obras de misericordia, ni siquiera en los carismas o dones preternaturales, sino en la caridad que nos une a Dios[25].

En Casiano apunta ya la idea de las tres vías: purgativa, iluminativa y unitiva. Baste citar, entre otros, el pasaje siguiente:

      “Queremon nos dijo: hay tres cosas que alejan a los hombres del vicio: el temor del infierno y de la ley, la esperanza y el deseo del cielo, el atractivo del bien y el amor de la virtud”[26].

Más claramente distingue en el trabajo un doble aspecto: uno, negativo, que se refiere a la renuncia por la cual nos alejamos del mal; y otro, positivo, que es la oración y la contemplación, por la cual practicamos el bien  y nos unimos a Dios.

      “La influencia monástica de Casiano, en particular, con su aspiración a renovar el                        cenobitismo con una ascesis más discreta y a la vez más idealista, integrando el ideal   espiritual del anacoretismo, influyó notablemente sobre la evolución del monacato,        produciendo un tipo de monje más disciplinado, más cultivado y más equilibrado. Esto se        debe, sobre todo, a la acción de Casiodoro y S. Benito. A través principalmente de la Regla   de este último”[27].

Tomadas, pues, en su conjunto, las Colaciones constituyen un directorio completo y de los más autorizados de la vida monástica o simplemente ascética.

Marina Medina Postigo
                                                                                                         

BIBLIOGRAFÍA 

Alejandro María Masoliver, Historia del monacato cristiano, Desde los orígenes hasta S. Benito, Ediciones Encuentro, Madrid 1994.
Alfredo López Amat, El seguimiento radical de Cristo, Ediciones Encuentro, Madrid 1987.
Juan Casiano, Colaciones. Tomo I, Ediciones Rialp, col. Neblí n. 19, Madrid 1958.
Juan Casiano, Instituciones, Ediciones Rialp, col. Neblí n. 15, Madrid 1957.
M. Cappuyns, Cassien (Jean), Dictionnaire d’Histoire et de Géographie Ecclésiastiques. T. 11,  París 1949.
M. Colombás, San Benito, su Vida y su Regla, B.A.C., Madrid 2006.
S. Marsili, Giovanni Cassiano ed Evagrio Pontico. Dottrina sulla carità e contemplazione, Studia Anselmiana 5 (1936) 162.


[1] Instituciones, prefacio 4.
[2] Instituciones,  prefacio  9.
[3] García M. Colombás, San Benito, su Vida y su Regla, B.A.C., Madrid 2006, p. 34.
[4] Colaciones, prefacio.
[5] Ídem., XIV, 2; XVII, 3.
[6] S. Marsili, Giovanni Cassiano ed Evagrio Pontico. Dottrina sulla carità e contemplazione, Studia Anselmiana 5 (1936) 162.
[7] Ídem., XXIV, 1.
[8] Ídem., XI, prefacio 2.
[9] Ídem., XI, prefacio 2.
[10] Ídem., I, 1, 4 y 5.
[11] Ídem., I, 7-8.
[12] Ídem., I, 5.
[13] Colaciones I, 7; Cfr. Colaciones XIX, 8; e Instituciones IV, 34-35.
[14] ColacionesI, 8 y 15.
[15] Ídem., II.
[16] Ídem., II.
[17] M. Cappuyns, Cassien (Jean), Dictionnaire d’Histoire et de Géographie Ecclésiastiques. T. 11, p. 1349.
[18] Casiano pone gran cuidado en evitar el término “apatheia” por el uso que hacían de él los pelagianos. Lo traduce por “inmutable tranquilidad del alma”.
[19] Colaciones I, 5-8; II, 6 y 7; IX, 2; XVII, 28; XXI, 12. 14.
[20] Colaciones XII, 11; Cfr. Instituciones IV, 6.
[21] Colaciones XII, 6; XXII, 3.
[22] Ídem., IX, 15.
[23] Ídem., IX, 26.
[24] Ídem., IX, 18.
[25] Ídem., XXIV, 6.
[26] Ídem., XI, 6.
[27] Alfredo López Amat, El seguimiento radical de Cristo, Ediciones Encuentro, Madrid 1987, p. 90.


24 de diciembre de 2012

CANTAD CONMIGO


 
HERMANOS, DIOS HA NACIDO

Hermanos, Dios ha nacido

sobre un pesebre. Aleluya.

Hermanos, cantad conmigo:

"Gloria a Dios en las alturas"

Desde su cielo ha traído

mi alas hasta su cuna.

Hermanos, cantad conmigo:

"Gloria a Dios en las alturas".

Hoy mueren todos los odios

y renacen las ternuras.

Hermanos, cantad conmigo:

"Gloria a Dios en las alturas".

El corazón más perdido

ya sabe que alguien le busca.

Hermanos, cantad conmigo:

"Gloria a Dios en las alturas".

El cielo ya no está solo

la tierra ya no está a oscuras.

Hermanos, cantad conmigo:

"Gloria a Dios en las alturas".

16 de noviembre de 2012

CODIGO PENITENCIAL EN LA REGLA BENEDICTINA


 
 
El código de disciplina regular, descritos en la RB que comprende los capítulos 23-30, es un núcleo compacto de normas por las faltas cometidas. No nos debemos extrañar que en el monasterio puedan cometerse faltas que merezcan las penas aquí establecidas. El hombre es débil y cae fácilmente. La presencia de estas debilidades no es el mayor perjuicio del monasterio. Lo que lleva a la ruina es la negligencia en corregirlas rápida y sabiamente.

San Benito se dirige en primer lugar a los monjes adultos, de quienes puede exigirse una plena responsabilidad de sus actos. A ellos dedica la casi totalidad de las prescripciones aquí contenidas. Al final, en el capítulo 30, da también las normas que deben seguirse con los niños.

Podemos constatar en el fondo de toda esta legislación una latente y gran vitalidad espiritual. Para san Benito, toda sanción persigue en última instancia la salvación del alma, al par que intenta la extirpación radical del vicio contraído. Los procedimientos se adaptan a la finalidad que se proponen, prestándose en forma sobria, prudente y discreta, siendo ello un caso único en la legislación de aquellos tiempos.

Toda legislación entre los hombres está condenada al fracaso si no hay sanciones que estimulen a su observancia. Y san Benito las ha dado de una manera bien precisa. De la colocación de estos capítulos inmediatamente después de los que tratan de los decanos, parece deducirse que son éstos (c. 23-30) los que tiene la misión de aplicar las prescripciones del código penal, junto con los capítulos 43-46, que también forman parte del código penal que san Benito nos transmite en su Regla.




La espiritualidad de san Benito sin lugar a dudas nos impulsa y anima a llevar una vida de comunidad monástica y para ello nos interpela a comenzar, al menos desear poner en práctica la vida comunitaria en nuestro cotidiano peregrinar hacia el encuentro total y definitivo con y en Jesucristo, evitando el pecado que divide y excomulga. Para evitarlo, san Benito, quiere hacer evidente a la vista de todos y del mismo que ha faltado, la gravedad de la culpa. Es la mejor manera de corregirla. Recordemos la importancia que da la Sagrada Escritura a la corrección, bástenos esta cita como ejemplo: "A los que yo amo los reprendo y los corrijo. Sé ferviente y arrepiéntete. Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos".

La enseñanza central que encontramos tanto en el código penitencial como en toda la Regla de san Benito, es la espiritualidad misma de este gran santo y padre del monacato: Cristo es el elemento central, la espiritualidad de san Benito, es Cristocéntrica y él así lo transmite en todos sus escritos y en su propia vida. Si hacemos un estudio de los capítulos 27 y 28 de la RB, lo mismo que descubrimos en estos capítulos, lo descubrimos en todo el código penitencial, las características que se dan en estos dos capítulos de la RB se aplica a todo el código penitencial.


Cuáles son estas líneas de espiritualidad?

La primera característica es el cristocentrismo, la segunda característica o línea es la comunidad, la importancia de la comunidad, el rebaño, el cuerpo, el conjunto, la comunidad de este consorcio, vivido en mutua, responsable y sincera fraternidad. Vivir la misma suerte, la importancia de la comunidad, la responsabilidad en la comunidad con la oración, en la oración, todos rezan, todos son responsables, la comunidad es muy importante, por lo tanto.

La tercera característica es el equilibrio entre la persona y la comunidad, esta tensión, prestar atención, al monje, como individuo, atención concreta y personal, pero siempre sin detrimento del bien de todos los miembros de la comunidad. Para san Benito es muy importante este equilibrio entre la persona individual y la comunidad y esto lo vemos perfectamente en la estructura del capítulo 27 que se basa en esa tensión fundamental entre el individuo y la comunidad. San Benito exhorta al abad y le indica que debe adaptarse a las necesidades y temperamentos de cada monje, a las edades de cada uno. Se habla de los niños, de los jóvenes que recibirán otro tipo de castigo, conforme a la edad y capacidad de cada uno. San Benito muestra una pedagogía impresionante en toda su Regla. Es muy importante para san Benito que el abad sepa adaptarse según la capacidad de entender de cada monje y por lo que se refiere a la comunidad, en el capítulo 72, describe con palabras muy nítidas y directas a todos los miembros de la comunidad, dándonos a entender que todos juntos, todos y cada uno, somos responsables. Vemos que la persona es muy importante y la dimensión comunitaria también.

En el capítulo 30 del código penitencial, san Benito nos deja bien claro que el castigo debe adaptarse, debe ser adaptado a la persona que lo reciba, porque no se trata de una venganza, aquí se trata de cuidar, sanar al hermano que se equivoca.

Solo después de varios intentos de corregir al hermano culpable, este será expulsado, y solo por temor a que otros enfermen por su culpa como leemos en el capítulo 28 y si el monje se arrepiente, san Benito está dispuesto a acogerlo en la Comunidad, varias veces, incluso como nos dice el capítulo 29 será readmitido el hermano y esto revela cuán importante es la persona para san Benito, pero por otra parte vemos también cómo valora la dimensión comunitaria.


 

Primera parte del código penitencial introducida por un directorio sobre los decanos

En el código penitencial, vemos que cualquier transgresión a la Regla, cualquier falta grave o leve cometida en el monasterio, es una especie de atentado contra la vida de la comunidad, de toda la comunidad y por lo tanto deberá ser corregida esta falta y el castigo, de la excomunión, es la exclusión de la vida de comunión, de los gestos principales de la vida comunitaria la oración y las comidas, la mesa. Observamos con atención la minuciosa descripción que san Benito hace de la dimensión de todo el hombre: el cuerpo y el espíritu. El oratorio y el refectorio, el hombre íntegro: el cuerpo, el alma y el espíritu. Esta es la dimensión comunitaria, la importancia de la comunidad y luego nos encontramos con otro aspecto importante, es decir, la teología de la gracia por una parte y por otra parte el realismo propio de san Benito. Vemos una tensión por lo tanto entre realismo e idealismo.

Según san Benito, se centra en el poder de Dios, "Dios puede hacerlo todo" como vemos en el capítulo 28,5 "para que el Señor que todo lo puede le dé la salud"

Da la posibilidad al monje de ser readmitidos. El monje puede ser readmitido 3 veces, como leemos en el capítulo 29 y en la Regla de san Benito también vemos mucha sicología porque en su código él trata de evitar la tristeza es importante saber consolar al hermano que vacila, es una sabiduría sicológica moderna, la que san Benito nos transmite: no hay que tomar nunca una decisión en un momento de tristeza, en un momento de depresión, las decisiones hay que tomarlas en otros momentos, porque las decisiones que se toman en un momento de tristeza son equivocadas.

San Benito aconseja evitar la tristeza y no tomar decisiones en momentos de crisis y de tristeza y él dice que es mejor consolar a este hermano y después ya se tomará una decisión. Y también vemos los mediadores que revelan la sabiduría sicológica también, los mediadores son personas "expertas ancianas" (los decanos del monasterio) y esto es algo muy interesante, en nuestra vida monástica comunitaria.

Otro aspecto de la sabiduría sicológica es el proceso del castigo no se trata de tres días como la Regla del Maestro sino que se trata de más tiempo y este tiempo depende de la persona, depende de la situación, etc. Y también depende de la comunidad. San Benito exhorta al abad y a cada hermano a colaborar todos en beneficio del hermano que se ha equivocado, en estos capítulos del código penitencial expresa muy bien san Benito cómo todos y cada uno, incluso el hermano excomulgado podemos y debemos ayudarnos mutuamente en el único Camino, Verdad y Vida que es Jesucristo mismo.

Y a continuación nos encontramos con varios grados en cuanto a los medios, podemos decir que hay varias etapas definidas para corregir al monje, tal y como indica S.B. en el capítulo 23, que es la base de estas etapas, basadas todas en la Sagrada Escritura, concretamente encontramos el fundamento de la base de estas etapas en Mateo 18.
 
Segunda parte del código penitencial: satisfacción por las faltas (43-46)
Después de indicar la importancia de la puntualidad a la hora del Oficio Divino, san B. en el capítulo 43, capítulo en el que comienza la segunda parte del código penitencial, podemos observar cómo va describiendo las etapas de la reconciliación en el capítulo 44, capítulo que es muy interesante, ya que en este capítulo hallamos las etapas de la reconciliación. El hermano al principio tiene que estar frente a la puerta como dice el versículo 1 "permanecerá postrado ante la puerta sin decir palabra", luego el versículo 6 "tiene que salir del oratorio", en la tercera etapa "podrá ocupar su lugar en el oratorio".

Entonces la reconciliación prevé varias etapas y esto lo constatamos muy bien en el capítulo 44 de la RB.
Otra característica general de todo el código penitencial es el fundamento bíblico que encontramos en todo el código. La fidelidad a la tradición, pero con flexibilidad. Este código no lo escribe todo, no define todo. El abad puede decidir muchas cosas. En este código podemos conocer cómo era san Benito. Conocemos su personalidad más profunda y espiritual como humana y sencilla a la vez.

San Benito es el término medio entre la praxis occidental que decía que había que imponer la penitencia, hacer la penitencia y como consecuencia de la misma la reconciliación, esta era la praxis occidental. Pero en san Benito también encontramos la praxis oriental, podríamos decir, la penitencia vista como una medicina y la confesión no es un sacramento para él sino que es un diálogo abierto con una persona que tiene experiencia y sabiduría.


La Divina Escritura que nos habla, nos interpela, porque es Dios quien nos habla.
San Benito, como los santos Padres, hace referencia a la Sagrada Escritura en toda su Regla, de hecho, la voz de Dios resuena sin cesar en toda la Regla, pues la Escritura ocupa un lugar único en el ideal monástico. Cómo podría llamarse "cristiano" un monacato que no estuviera consciente e íntimamente apegado a la Palabra de Dios, a la persona y doctrina de Cristo?

San Benito en su espiritualidad nos manifiesta la importancia de llegar a superar la "necesidad" de acudir a estas penas de excomunión, invitándonos a un deseo auténtico de santidad, basado en la Sagrada Escritura. Encontramos en la primera carta de san Pedro en los versículos 14 a 16 la idea central a la que san Benito nos invita con su propio testimonio de vida y su deseo de santidad que debe existir en el corazón de cada cristiano: Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en lo días de vuestra ignorancia. Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: seréis santos, porque yo soy santo.

A mi entender a la luz del Espíritu que Dios da a quien quiere y cómo quiere, S. Benito centra toda su espiritualidad en el mensaje bíblico que se cumple en Jesucristo, Palabra de Dios encarnada. San Benito, fija los ojos en Cristo en toda su conducta y nos invita a todos sus monjes a vivir del mismo modo que él vivió: consagrados totalmente a Dios y con nuestra mirada fija en Cristo.

Aunque en estos capítulos del código penitencial de su Regla, san Benito, no hace alusión expresa a estas citas, yo me atrevería a afirmar que toda la Biblia, está presente en la mente y en el espíritu de san Benito al escribir estos capítulos de su Regla y en cada momento de su vida. Porque el mensaje de la Palabra de Dios, la Revelación de Dios en su Palabra, es un mensaje íntegro que no podemos dividir en partes o en temas, porque la Palabra de Dios es Jesucristo mismo encarnado, Verbo de Dios que "acampó entre nosotros".

San Benito nos enseña, con las palabras de san Pablo, con todos los castigos expuestos en estos capítulos de su Regla, que debemos aspirar a superar el temor al castigo y buscar a Dios (que es nuestro carisma por esencia) superando el temor y alcanzando el deseo de amarle y no ofenderle con nuestras propias debilidades y pecados. Pero como bien indica san Pablo en su carta a los Gálatas debemos llegar, con la gracia de Dios, a un grado de amor para con Él y para con cada hermano nuestro de comunidad que ya no sea necesario recurrir a los castigos que san Benito propone y exige que se cumplan, descritos en estos capítulos de su Regla que forman parte del código penitencial, mientras sean necesarios para nosotros mismos o para cualquiera de nuestros hermanos que pueda necesitarlos para sanar su alma y volver al verdadero Camino que es Cristo. Gálatas expresa muy bien este mensaje de trasfondo que trata de enseñarnos san Benito al decirnos que su Regla es solo para iniciados, "para nosotros, en cambio, tibios, relajados y negligentes, son motivo de sonrojo y confusión" pero insiste san Benito, desde este realismo de nuestra debilidad humana, impulsándonos a vivir por encima de todo y sin anteponer nunca jamás nada al amor de Cristo, este mismo amor que ya no teme el castigo, que ya lo ha superado cuando así ha tenido que sufrirlo para bien de su alma hasta que por la gracia de Dios y su fidelidad para con Dios, el monje se ha revestido de Cristo, mediante la vivencia auténtica de su bautismo.

En sus últimas palabras de la Regla en el capítulo 73, versículos 8-9, deja bien claro a qué debemos tender como cristianos y monjes que somos:


"Quien quiera, pues, que te apresuras por llegar a la patria celestial, practica con la ayuda de Cristo está mínima Regla de iniciación que hemos bosquejado, y entonces, finalmente, llegarás con la protección de Dios a las cumbres más elevadas de doctrina y virtudes que arriba dijimos. Amén".

Copio a continuación todas las citas bíblicas, las que san Benito hace referencia en los capítulos dedicados al código penitencial:
Cf. Mt 18, 15
"Si algún monje contumaz, o desobediente, o soberbio, o contrario en algo a la santa regla o a los preceptos de sus ancianos, obrase así por menosprecio, este tal, según el precepto de Nuestro Señor, sea amonestado secretamente, por sus decanos primera y segunda vez. De no enmendarse, repréndasele públicamente delante de todos" .
1 Cor 5, 5
"Esté solo en la labor que se le hubiere asignado, perseverando en llanto de penitencia, pensando en aquella terrible sentencia del Apóstol que dice: Este hombre ha sido entregado a la muerte de la carne a fin de que el espíritu se salve en el día del Señor"
Mt 9,12
" No son los sanos los que han menester médico, sino los enfermos".
2 Cor 2, 7
"Animen al hermano para que no sucumba en la excesiva tristeza".
2 Cor 2, 8
"Si no como dice el Apóstol: Dénsele mayores muestras de caridad y oren todos por él.
Ez 34, 3-4
"y tema la amenaza del Profeta, por la cual dice el Señor: Tomabais lo que os parecía grueso y lo flaco desechabais".
Jn 10,11 cf. Lc 15, 4-5
"Imite también el piadoso ejemplo del Buen pastor, quien, dejando en los montes noventa y nueve ovejas, fue en busca de una que se había extraviado".
Heb 4, 15
"cuya flaqueza inspiróle tanta compasión, que dignóse colocarla sobre sus hombros sagrados y así llevarla otra vez al rebaño"
Mt, 19, 26; Filipenses 2, 12
"a fin de que el Señor, que todo lo puede, obre la salud en el hermano enfermo". Estas palabras de la Palabra de Dios: "El Señor que todo lo puede" es el centro de toda la espiritualidad de san Benito, es el centro, el culmen de toda la espiritualidad de cada cristiano que se precie de serlo en "espíritu y en verdad", pues que Dios es Todopoderoso, es la revelación que Él mismo nos da de sí mismo en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Si me detuviera a hacer un estudio minucioso de todas las citas bíblicas en las que aparece esta gran certeza revelada por Dios mismo a todo hombre y mujer de nuestro mundo, a todo ser creado por Dios, sería un trabajo inagotable, porque la revelación del poder omnipotente de Dios, encierra íntegro el mensaje de la Revelación Misma: Dios Todopoderoso, Dios es Amor Quien se nos auto- manifiesta a través de su Palabra, se nos revela con infinito amor y nos da a conocer con su "Propia Palabra", inspirada siempre por el Espíritu Santo, que es Él Todopoderoso y que por mucho que queramos decir de Él, nunca diremos bastante, porque "La Última Palabra: Él lo es TODO"
1 Cor 5, 13
"Mas si aún con esto no sanare, entonces use ya el abad del cuchillo de la amputación, como dice el Apóstol: Quitad el mal de entre vosotros".
1 Cor 7, 15
"Y también: El infiel, si se va, que se vaya, no sea que una oveja enferma contamine a todo el rebaño".

Estas son las citas bíblicas que he encontrado en la lectura y el estudio detenido de cada uno de los capítulos que forman el código penitencial en la RB. En los capítulos 43, 44, 45 y 46 no he hallado ninguna cita bíblica, así como sí las he hallado en los capítulos que indico más arriba, indicando las Palabras de la Sagrada Escritura que san Benito hace expresa alusión en estos capítulos del código penitencial en su Regla.

Considero muy importante el estudio de la RB con la principal fuente de la espiritualidad de san Benito: La Palabra de Dios, la Biblia, el Verbo encarnado en la Palabra. Por eso me ha parecido muy oportuno tomar el texto de estos capítulos del código penitencial de la RB e ir destacando estas Palabras de la Sagrada Escritura donde san Benito -al igual que todos los santos- alimentan toda su espiritualidad y todo su ser, porque es Dios mismo, Quien habla a través de su Palabra y el santo no es más -ni menos!- que una persona invadida por la Presencia de Dios, el santo está penetrado de Dios mismo, por su infinita misericordia y su infinito amor, en la medida que el santo se va dejando "modelar y poseer por Dios mismo".

Por este motivo he destacado todas las palabras de la Sagrada Escritura que san Benito mismo destaca en cada uno de estos capítulos tratados y estudiados en profundidad en este trabajo que usted, Sr. Manuela Scheiba, nos propuso este curso pasado, durante sus clases impartidas en el Colegio de san Bernardo el pasado mes de septiembre, durante el Curso de Formación Monástica de 2010.


Fuentes en general

Las fuentes en general donde san Benito expresa la importancia de la solicitud, la idea y la realidad del "Pastor Bueno", "Médico sabio", "no perder", "no dejar morir" más si es necesario y el monje no se corrige "use el cuchillo de la amputación" (después de haber intentado regresar al monje equivocado al buen camino, a la compañía y fraternidad de sus hermanos, pero si el monje no se corrige "corte para no perder al rebaño".

Encontramos ya estas ideas en: Orígenes; Vita Patrum; Cipriano, Jerónimo.


Otras reglas monásticas en las que aparece la importancia del código penitencial:
La Regla del Maestro y otras reglas monásticas. 
Las reglas monásticas de Pacomio; Basilio y Agustín y la regla del Maestro son fuentes también donde san Benito se inspiró, pero fundamentalmente se inspiró en la Palabra de Dios y en su propia experiencia de Dios y en Dios y en su espiritualidad cristocéntrica.

Destaco aquí la bibliografía de las Reglas monásticas tal y como usted nos las comunicó en sus clases, pues me parecen muy interesantes y fundamentales para entender en qué contexto histórico vivió nuestro santo Padre Benito, contexto que influenció positivamente en su espiritualidad.

No podemos dejar de citar también, las Reglas galas RIVP, 2 RB 27-30; Cesareo, R Virg 12-13. 24. 34 s. 65.
 
Y las conocidas obras monásticas de Casiano, Inst. IV, 16; Conl XVIII, 15; II, 10-13; Inst. 2, 15, 2-16; 3,7. Aunque he de decir con asombro, que durante 17 años de vida monástica no he leído ninguna obra de san Juan Casiano, no conocía sus obras hasta hace unos meses gracias a uno de los exámenes que he realizado para este curso de FM, en el Colegio de san Bernardo. Y me asombra que muchas de mis hermanas tampoco conozcan a este gran autor monástico que tanto influyó en nuestro P. S. Benito y que él mismo nos indica y aconseja en la Regla, en el capítulo 42 -Que nadie hable después de completas- que leamos "las Colaciones o la Vida de los Padres, o también otra cosa que edifique a los oyentes" . Es fundamental y muy enriquecedor para nosotros los monjes seguir las indicaciones que nuestro P. san Benito nos recomienda por su propia experiencia espiritual y así lo transmitamos a todos nuestros hermanos que estén interesados en vivir la espiritualidad de san Benito. Qué importante es beber y alimentar el alma, donde nuestro P. san Benito descubrió la fuente y el verdadero alimento para el alma: La Sagrada Escritura, los Santos Padres y de algunos autores de varias Reglas monásticas que influenciaron en el contexto histórico en el que él vivió y que usted nos explicó con tanta claridad, profundidad y sencillez en las clases de estos dos cursos de FM , en el Colegio de San Bernardo.





Estamos de paso en este mundo, y no hay cosa más prudente para el hombre que tener fija la mirada en el término adonde se dirige, a Quien se dirige: a Dios y en Dios mismo.

He aquí por qué el monje, cuya vocación es buscar a Dios, cuya vida entera está orientada a esta búsqueda, ha de suspirar por este Cielo tan deseado que le permitirá gozar eternamente de Dios.

Esta búsqueda de Dios era lo que a san Benito animó a vivir y transmitir a sus monjes, a cada monje individual y a la comunidad íntegra, guardando ese equilibrio que Dios concede a los que le buscan con sincero corazón, buscando sin anteponer nada, ni nadie a su Amor eterno y misericordioso.

Es importante leer la RB con el mismo espíritu que fue escrita e intentar encarnar en nuestra propia vida, como monjes que vivimos la espiritualidad de nuestro Padre San Benito, con el mismo trasfondo, con el mismo "telón de fondo" como él vivió y nos enseño a vivir: no juzgando jamás a los demás, nuestro único Juez es Dios y en Cristo hallamos a nuestro intercesor ante el Juez, porque Dios Padre no perdonó a su propio Hijo sino que lo entregó por nuestra salvación - Si Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que le entregó por todos nosotros, cómo no nos dará con él todas las cosas? Quién nos separará del amor de Cristo? En todos los acontecimientos de la vida, incluso la muerte, salimos vencedores, gracias a aquel que nos amó hasta la Cruz .

Solo desde el mismo amor que nosotros recibimos de Dios podemos amar a los demás con su mismo amor, porque "Dios es amor", amor del que Él nos hace capaces desde Él mismo.

Cuando una persona ama a otra con sinceridad, con plena autenticidad quiere lo mejor para la otra persona y qué es lo mejor para cualquier persona si no es el encuentro total y definitivo, en el grado que Dios quiera concedernos a cada uno, con Cristo Resucitado, Único Dios que nos salva? Jesús, "Dios salva" "Dios con nosotros" si vemos a un hermano que se equivoca no podemos quedarnos indiferentes, precisamente porque le amamos debemos utilizar todos los recursos que Dios ponga a nuestro alcance para recobrar la salvación, la sanación de esa persona que se desvía del único Camino, de la única Verdad y de la Única Vida, que solo podemos hallar en Cristo Jesús. Jesús, Nuestro salvador que se encarnó, vivió, gozó, padeció, murió y resucitó por nuestro amor, por nuestra salvación la de todos y cada uno de los seres humanos creados a imagen de Dios, creados para ser amados y amar en su mismo amor y llamados a vivir ya en esta vida temporal el comienzo de la Vida Eterna que es vivir unidos a Dios, en Dios y para Dios, por su infinita misericordia y su infinito amor para con cada persona, porque Dios no nos creó para condenarnos sino para salvarnos, para que lleguemos al pleno conocimiento de la Voluntad de Dios, al gozo eterno y puro en su Presencia Salvadora, en su misma esencia, Presencia real de Dios, con y en nosotros y ocupando todo con su divina Presencia. Es el mensaje de toda la Sagrada Escritura y es el mensaje de san Benito, así como es el mensaje y la realidad que viven todos los santos y santas de Dios, aquí ya en esta vida temporal y en plenitud, cuando y como Dios quiera, en la Vida Eterna.

Porque san Benito y todos los santos beben directamente de la Sagrada Escritura. La Palabra de Dios que se encarna en cada persona que se hace uno por el amor en Cristo y por Cristo y con Cristo. San Benito en todo el código penitencial y en toda su Regla es lo que trata de transmitirnos: "El amor de Dios por encima de todo, y desde el mismo amor de Dios, el amor a cada hermano tal y como el mismo Jesús nos exhortó: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado, permaneced en mi amor" "Como el Padre me ha amado así os he amado yo" "Tanto nos amó Dios que entregó a su Hijo único por nosotros" y tanto nos ama Dios que quiere realizar esa petición concisa y concreta de Cristo: "Padre que todos sean uno como Tú en mí y yo en ti, para que el mundo crea".

No encuentro mejores palabras que la Palabra de Dios para explicar la realidad de todo monje y la de todo cristiano, que se precie de serlo con autenticidad, es decir el auténtico seguidor de Jesucristo, que le busca con sinceridad, con radicalidad, con autenticidad, porque es la Palabra de Dios viva y eficaz, más tajante de doble filo.

Por qué voy a "perder tiempo" y gracia de Dios, empleando otras palabras que no sean su Misma Palabra? Palabra que colma toda mi existencia, porque la Palabra es Cristo mismo, el Verbo encarnado: la Palabra de Dios. Jesucristo mismo "encarnado" en cada cristiano que se precie de serlo por la misericordia y el infinito amor que Dios nos tiene, "en Quien vivimos, nos movemos y existimos".


Deo gratias!

Sí, siempre debemos dar gracias a Dios porque es Él quien nos hace merecedores de de su amor y capaces de amarle a Él mismo, a los hermanos, incluso a nosotros mismos con ese mismo amor que de Él recibimos. Es esencial, por lo tanto, pidamos a Dios el deseo de vivir abiertos a la gracia, al don de que Él nos quiere transmitir a través de la enseñanza de san Benito y de otros santos Padres de la Iglesia, que desde su experiencia personal, desde su propio encuentro real con Cristo, desde la capacidad humana y pedagógica que Dios les otorgó participando en su misma Sabiduría infinita, para que entendamos que el ser castigados es para un bien mayor de la persona, porque castigare, en este contexto significa "hacer más castos", más puros para Dios y en Dios, y en la medida que el Señor nos conduce a esta pureza del corazón nos une más a Él y en Él nos hace capaces de amar como Él nos amó a cada hermano, entregando toda nuestra vida en comunión con Dios por la salvación de cada persona, tal y como Jesucristo se entregó y quiere que participemos en su mismo Amor y en su mismo sacrificio en la Cruz por nuestra propia salvación y la de todos y cada uno de los hombres. Todos somos, infinitamente valiosos pues fuimos "comprados a precio de la Sangre redentora de Jesucristo Nuestro Señor". Amén. Aleluya! Deo gratias.
Hna. María Montoro
- Sagrada Biblia, Conferencia Episcopal Española, versión oficial. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid 2010.
- La Regla de San Benito. Introducción y comentario por Colombás García M. Traducción y notas por Iñaki Aranguren. Segunda edición Biblioteca de Autores Cristianos (BAC). Madrid MCMXCIII.
- García M. Colombás. La Tradición Benedictina. Ensayo histórico. Tomo II. Los siglos VI y VII. Ed. Monte Casino, Zamora 1990.
- Ildefonso M. Gómez O.S.B., Regla del Maestro. Regla de san Benito. Ed. Monte Casino, Zamora 1988. - Denis Huerre, Breve comentario espiritual sobre la Regla de San Benito. Ed. Monte Casino. Zamora 1987.
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[1] RB 23-29
[1] c. 21-21
[1] Ap 3, 19-20.
[1] RB 23-30. 43-46
[1] RB 21-30[1] Cf. Jn 14, 6.
Numerosos autores se han ocupado del uso de la Biblia en la RB. J. Gribomont, La Régle et la Bible, hace un análisis minucioso y muy interesante.
Heb 12, 2 Fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la Cruz, despreciando la ignominia y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
Jn 1, 14
Ga 3, 23-27 Antes de que llegara la fe, éramos prisioneros y estábamos custodiados bajo la ley hasta que se revelase la fe. La ley fue así nuestro pedagogo, hasta que llegara Cristo, a fin de ser justificados por la fe; pero una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos al pedagogo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo.
[1] RB 23, 1-3 [1] RB 25, 3-4
[1] RB 27,1
[1] RB 27,3
[1] RB 27, 4
[1] RB 27, 7
[1] RB 27,8
[1] RB 27, 9
[1] RB 28, 5
[1] 1 Jn 4,8b
[1] cf. Eclo 43, 27)
[1] RB 28,6
[1] RB 28,7-8
[1] Lev Hom 7-8.
[1] V, 13, 13; V, 10, 85; VPJ 79-81. 85-86.
[1] Ep 59, 15; 48, 4- 1-2; 55, 15-26.
[1] Ep 2, 3; 16, 1; 130, 19.
[1] Más completa y detallada de la extensión de las reglas anteriores, la continuación-ritos, los gestos de la profesión. Cf. RM 11 a 14, 64, 73, 80. Justicia, el orden y el castigo.
[1] Gran parte consta de normas penales, cf. PI 5, 16 (habla del defensor del culpable, del daño que puede hacer este al culpable, así mismo y por tanto a todos los miembros de la Comunidad) “Amenazas”, correcciones, excomunión con golpes o es enviado a la enfermería, para hacer consciente al monje que peca y murmura de que está verdaderamente enfermo en su espíritu y por eso se le envía a la enfermería para que se percate de que está enfermo y debe sanar su alma.
[1] La corrección fraterna (Mt 18, 15-17, 2 Tes 3, 14), Regla 17. 42. 77. 122; Agustín Praeceptum IV, 7-8; VIII.
El proceso: el ayuno, la excomunión, la expulsión, Regla de san Basilio, 21, 197- 201.
El vocabulario medicinal, confesar los pecados, Regla de san Basilio 23 s. 200; Agustín Praec IV, 7.
[1] cf. RB 42, 3
[1] 2009 y en el año 2010
[1] Dios es el único Juez (Sal 50:6; 75:7; Heb 12:23).
[1] cf. Rm 8,31-37
[1] 1 Jn 4, 8b.
[1] Jesús quiere decir en hebreo: "Dios salva".
[1] Is 7, 14; Miq 5, 2; Mt 1, 23.
[1] Cf. Jn 14, 6.
[1] Cf. Juan 3, 17 nos dice que Jesús no vino para condenarnos, sino para salvarnos.
[1] Jn 13, 34.
[1] Jn 15, 9.
[1] Cf. 13, 14- 21 “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”.
[1] Cf. Que todos sean uno: como tú, Padre, están en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn 17,21)
[1] Hebreos 4, 12-13
[1] Hch 17, 28
[1] En el libro de Fernando A. Navarro, Parentescos insólitos del lenguaje, se afirma que, en efecto, castidad y castigo son términos relacionados etimológicamente, ya que casto (del latín castus) significa 'puro' o 'virtuoso'; castidad es la 'cualidad de casto'; y castigo viene del verbo castigar, que a su vez viene del latín castigare (formado a partir del verbo ago -'hacer'- y el adjetivo castus) cuyo significado literal sería 'hacer puro'.
[1] La palabra redención significa: “liberar mediante el pago de un precio”, ¿cuál fue el precio que Dios pagó por nuestro rescate? (1 Pedro 1, 17-19) Y puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de lustra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto ni mancha, Cristo.